La tribu

Clara Campoamor

 

Cuando se me ocurrió crear La tribu de Frida siempre pensé que sería un lugar de reunión. Uno de esos bares donde los amigos van a contarse la vida: los problemas, las dificultades; las caídas y los descubrimientos. Un lugar alejado de las aulas. Con eso quiero decir que no tenía la intención de escribir textos sesudos con notas al pie de página sobre todos aquellos temas que me interesan: el feminismo, la poesía, la literatura, la memoria y el arte en general. Quería encontrar un tono más cercano a esos artículos que, por un lado, nos informan con frescura y, por otro, nos dan pistas para seguir descubriendo. Por ejemplo, quería que hablásemos de feminismo.

La idea de este espacio nació, principalmente, de un estado de desarraigo. Una parte de mí se sentía arrancada de la vida, derrotada. La otra, quería hacer cosas. Estábamos a las puertas del verano, acababan de despedirme de una librería después de un año entregada completamente al oficio de librera y me sentía en la nada más absoluta. Quería viajar. No. Quería vivir en el extranjero. Fugarme de mi pequeño pueblo para no volver. Lo máximo que conseguí fue comprarme un billete de ida a Cancún. Y empezar a editar una web en secreto durante un mes. Al principio no tenía nombre. Y de repente una tarde, creo que una tarde de domingo, mientras estaba tumbada en el sofá mirando al techo, se me ocurrió. Se llamaría La tribu de Frida y tendría un carácter feminista. Y como una torpe hormiguita, pasaba las horas delante del portátil tramando cómo sería. La lancé en junio y, por suerte, desde el principio tuvo su público.

Ya tenía un blog desde hace años “Los temores de la señora V”, un espacio más personal donde colgaba textos propios, pero estaba cansada de tanta intimidad. Necesitaba crear un lugar donde invitar a gente querida, admirada, interesante a compartir sus textos y pasiones. Fundar una tribu. E intentar recuperar las voces de mis escritoras preferidas, muchas de ellas, no tan conocidas para los lectores.

La primera persona que confió en mí fue la escritora argentina Ariana Harwicz. Una tarde me escribió un mensaje por Facebook hablándome de su próxima novela La débil mental. Ella había leído una extraña reseña que yo escribí hace tiempo en “Los temores de la Señora V” y pensó que este nuevo libro podría gustarme. Aquella misma noche, después de recibir La débil mental en pdf e imprimirla en casa, terminé de leer la novela y le propuse una entrevista para la web. Ella aceptó y así empezó todo. Mantuvimos una estimulante correspondencia virtual durante días. Ella me escribía desde su casa en el campo en Francia. Yo le escribía desde mi pueblo. Las dos igual de desorientadas, curiosas y entusiastas. En aquel momento –incluso, ahora- no dejo de preguntarme, ¿esta es la vida que quiero vivir? Supongo que una parte de mí desea que cada lector que llega a la tribu se sienta parte de algo, menos desorientado. La otra parte tiene la vocación de reivindicar la escritura de las mujeres.

La tribu de Frida son todas las personas que escriben aquí, que colaboran con frecuencia o puntualmente. Y todos los lectores que nos leen.